martes, 6 de enero de 2015

Mercados de Japón


Siempre he creido que el verdadero palpitar de un pueblo se vive en los mercados, por ello mientras la mayoría de las personas se van a visitar  monumento o tiendas, a mí me gusta perderme en  esos lugares, pasear, ver, curiosear e incluso probar  los alimentos que ahí  se ofrecen. 

Todo ello hace que me acerque y comprenda mejor el estilo de vida de sus gentes. Los nuevos productos, los sabores, e incluso  los olores más o menos agradables, serán un recuerdo que permanecerá en mi mente con tanta fuerza como la visión de un monumento o la visita a un templo.


Durante mi viaje a Japón no dejé de visitar ninguno de los grandes mercados. El primero de ellos fue en Osaka, en ese primer contacto y dada la variedad y cantidad de todo lo  que veía, lo disfruté al máximo. No sólo pescado fresco y cortado de todo tipo de formas sino también seco, la carne, las frutas, las verduras, las legumbres… y un sin fin de alimentos deconocidos llamaron mi atención. Todo estaba limpio, y perfectamente etiquetado. 



Poco a poco y gracias a la amabilidad de los comerciantes fui distinguiendo algunos de aquellos alimentos que era la primera vez que veía, aunque muchos de ellos siguen siendo grandes desconocidos para mí, creo que tendré que repetir viaje,  libreta de notas en mano. 



En todos los mercados, no sólo puedes comprar sino también degustar en el propio lugar, a veces simplemente te sirven la comida en un cuenco desechable que puedes llevar,  otras  se puede tomar en los pequeños restaurantes que hay por todas partes.


Desgraciadamente no pude visitar el gran mercado de pescado Tsujii, parece que en los últimos años y dada la masiva presencia de turistas que entorpecían las tareas cotidianas, se ha decidido crear grupos y sólo 60 afortunados pueden entrar en cada uno de ellos dos veces al día, para eso hay que estar allí a las cuatro de la mañana, hacer la cola pertinente y rezar para tener la fortuna de entrar en el cupo diario. Además hay días en los que el mercado no abre y precisamente mi día libre en Tokio coincidió con uno de ellos. De todas formas me acerqué a la zona ya que a escasos metros hay un interesante mercado al aire libre y allí  fue donde pude disfrutar al máximo viendo cómo se elabora una de esas ricas y sabrosas tortillas japonesas, sólo por ver esto ya mereció la pena la visita.

Y tras una intensa y ardua selección de fotografías aquí os dejo una pequeña muestra.

Las legumbres, cantidad y variedad.


Las castañas tan apreciadas en mi tierra y por lo que he comprobado también en Japón.




El wasabi fresco que, ingenua de mí, quise comprar y me dijeron que no duraba más allá de unas horas.


La flor de loto, nunca imaginé que sería un comestible tan apreciado y sabroso.


Las algas que no sólo se comercializan secas sino también frescas y recién recolectadas.


Las verduras fermentadas, otra novedad, al menos para mí.


La carne, por los precios que tenía en las cartas y mercados, los finos filetes que vendían y las pocas carnicerías, sea o no de Kobe está claro que no es uno de los alimentos más asequibles.



El pulpo que tanto nos gusta a los gallegos se puede encontrar entero, en rabos, cocido,  congelado… y hasta unos mini pulpos con muy buen aspecto.




Las frutas de elevados precios y que se venden por unidades o incluso porciones y que degustan como si de un manjar se tratase.



Las máquinas de refrescos y café repartidas por toda la ciudad, en plena calle y cada pocos metros , refrescos de marcas conocidas y otros no tanto, conozco gente que cada día sacaba un par de ellos  diferentes para ir probando, todo ello con mayor o menor fortuna,  yo me limité al agua y alguna cervecita durante las comidas.


La tortilla japonesa, ver cómo un cocinero hace tres a la vez y le salen perfectas no tiene precio.




Y por último, los pescados. ¿Cómo lo quieres? Fresco, congelado, en trozos, cocinado, seco…



Y si quieres saber más de este más que interesante viaje puedes leer mis otras entradas “Setas en Japón” y “Mi experiencia gastronómica en Japón”.

Y para alegría de todos aquellos, que como yo, adoran todo lo que huele mínimamente a oriente, todavía habrá más cosas interesantes que compartiré en breve.
Imprimir artículo

sábado, 27 de diciembre de 2014

Solomillo Wellington con Trompetas de la muerte


Otra receta de fiesta para compartir con los amigos o familiares. Con la precocina hecha y mientras se toman los aperitivos, casi, casi se cocina sola.

He de confesar que es la primera vez que lo cocino y siempre pensé que era más difícil de lo que en realidad es, os animo a intentarlo y si no encontráis trompetas frescas os sugiero recurrir a las secas que también serán perfectas.



Ingredientes


  • Solomillo
  • Craterellus cornucopioides (Trompetas de la muerte)
  • Hojaldre
  • Chalotas
  • Bacon
  • Pimienta
  • Aceite
  • Huevo batido
  • Sal

Elaboración

1.- Limpiamos bien las setas y reservamos.

2.- En una sartén ponemos la chalota picada, pochamos ligeramente y agregamos las setas en trozos, salpimentamos al gusto y dejamos cocinar.



3.- Precalentamos el horno.

4.- Salpimentamos el solomillo y marcamos en una sartén.

5.- Extendemos la lámina de hojaldre colocando sobre la misma las lonchas de bacon y parte de las setas.



6.- Disponemos el solomillo por encima, lo cubrimos con las setas y enrollamos.



7.- Pincelamos con el huevo batido y horneamos sobre 25 minutos a 190º.





Imprimir artículo